Hubertine Auclert fue una activista feminista, la primera sufragista francesa.
En 1873, dejó su región natal de Bourbonnais para ir a París tras leer una carta de Victor Hugo que denunciaba la injusticia de la condición de la mujer: excluida de la ciudadanía durante la Revolución, privada de sus derechos civiles por el Código Napoleónico, explotada en el trabajo y despreciada. Se distinguió por presentar el derecho al voto como la piedra angular de todos los demás derechos. En su periódico, La Citoyenne, órgano de la Sociedad Sufragista Femenina, utilizó el término «feminista» para describir a quienes luchaban por la igualdad de género. Denunció la insuficiencia de una democracia que excluía a las mujeres de la representación nacional. «Sin deberes sin derechos, ni derechos sin deberes», proclamó. Sin dejarse llevar por el sarcasmo, ideó acciones con un fuerte simbolismo para concienciar a la opinión pública. Al impedírsele inscribirse en el censo electoral, se negó a pagar sus impuestos: «Si no voto, no pago».
Tras una estancia en Argelia, donde su marido había sido nombrado juez de paz, regresó a Francia, escribió una columna semanal para Le Radical y reconstruyó su grupo. Recogió firmas, hizo propaganda, distribuyó sellos feministas y abogó por la feminización del idioma. Cada vez más audaz, organizó la quema del Código Civil durante las celebraciones de su centenario; irrumpió en un colegio electoral para anular la papeleta electoral, lo que le valió el apodo de «la sufragista francesa»; y se presentó a las elecciones legislativas de 1910.